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Terapia para Fobias, Miedos y Temores


Las fobias suelen tener varios factores diferenciados entre sí. Se definen como temores acusados, persistentes excesivos o irracionales desencadenados por la presencia de un objeto o situación específica concreta. La lista de temores fóbicos es muy amplia. Las fobias más comunes son la claustrofobia, al fobia social y la agorofobia.

La claustrofobia o fobia simple es aquella en que la persona "aprende" a ser fóbica o reaccionar de manera fóbica ante un objeto o una situación concreta que le ha pasado. Ejemplos muy típicos de nuestros días es la persona que tiene miedo al ascensor porque se ha quedado encerrada alguna vez y lo pasó muy mal. Aquel que ha sido mordido por un animal ya partir de ahí genera un miedo irracional a esta raza o clase de animales o aquel que se ha visto sorprendido por un grupo de inocentes palomas que en su camino lo han encontrado, provocándole un susto inesperado.

Fobia social es una fobia en la que la persona suele tener un miedo a la crítica o al sentimiento de ridículo que pueda desencadenar su actuación ante un público determinado. Las personas que tienen este problema tienden a evitar las relaciones sociales, lo que en principio las libera del miedo, al tiempo que aumenta en ellas su pensamiento de incapacidad, de modo que siguen evitando. Cuando no es posible la evitación se sienten tan vulnerables e indefensas que su actuación es forzada y fingida con lo que no actúan desde su naturalidad, sino desde lo que creen que los demás esperan de ellas.

La agorafobia manifestada por ansiedad o miedo paralizante a las grandes superficies (centros comerciales, conciertos, campos de fútbol, etc) o espacios abiertos donde resulta difícil obtener ayuda o escapar a una situación de crisis. El agorafóbico tiende huir sistemáticamente de las situaciones que le son potencialmente ansiógenas, representando esta conducta un grave problema para el individuo que padece este trastorno, ya que provoca que casi nunca abandone su hogar o su lugar de seguridad, y cuando lo hace, es con la ayuda de familiares o amigos, o evita enfrentarse a la situación con lo que éste aumenta su intensidad esclavizando más y más a la persona que lo sufre.

Las cuatro características fundamentales de las fobias, que las diferencian de los simples temores, son las siguientes:
  • Son desproporcionadas a la situación que las crea.
  • No pueden ser explicadas o razonadas.
  • Se encuentran fuera del control voluntario.
  • Conducen a la evitación de la situación u objeto temidos.
Estas cuatro características permiten diferenciar perfectamente las fobias, que son patológicas, de los temores que pueden experimentar los seres humanos normales.

MIEDOS y TEMORES




Antes de nada aclarar que no todos los miedos son negativos.

En el caso de los temores, el miedo es proporcional a un estímulo concreto, que de manera objetiva es fuente de temor y, por tanto, puede ser razonado. Asimismo, el temor puede ser controlado y no necesariamente lleva a evitar la situación objeto de temor.

Existe el lógico miedo a no estar a la altura de las circunstancias, no pudo conseguir un objetivo o incluso el miedo a ser rechazado, pero también existen miedos considerados patológicos y, por ello con necesidad de tratamiento psicológico o psiquiátrico. La diferencia entre el primer y el segundo caso, es que en el primero, este estado impulsa a la persona a prepararse mejor para afrontar, o sea, le sirve de estímulo para superarse a sí mismo.

En el segundo caso, el miedo patológico lleva a la persona a estados de evitación, en situaciones de bloqueo y pérdida del control ante situaciones temidas. Los que sufren estos miedos irracionales dan cuenta de esto, pero no pueden evitarlo. Muchas de estas personas no sienten miedos definidas que puedan identificar, sino que tienen miedo de tener miedo.